miércoles, 26 de diciembre de 2012

Despidiendo 2012

Creo que antes de que acabe el año merece la pena hacer un pequeño repaso de algunas lecciones aprendidas durante este 2012. Una de ellas es que este blog requiere más atención por mi parte, ya que las estadísticas de visitas me dicen que hay público, lo que falta es que uno mismo encuentre esos momentos de tranquilidad en los que la energía mental no escasea, que son los mejores para escribir y por eso son tan preciados...

Ni que decir tiene que este ha sido un año especialmente duro para la mayoría de nosotros y de nada serviría intentar negar la evidencia y hacer como que no existiesen los problemas, que brotan como setas a nuestro alrededor, aveces incluso encima de la propia espalda. Tampoco vale para mucho consolarse lamiéndose las heridas sin hacer nada... Es verdad que no existen las soluciones fáciles pero habrá que intentar siempre sacar adelante, en primer lugar, las cuestiones más importantes, seguidas de las más urgentes y sin descuidar en ningún momento nuestros sueños y nuestros proyectos, aunque puede que tengan que aplazarse un poco.

El 2013 va a requerir que demos lo mejor de nosotros mismos porque el panorama está muy oscuro, hay muchas personas maravillosas repartidas por el mundo pero la sociedad como conjunto está bastante empobrecida no sólo de cartera sino especialmente de espíritu. Va a ser imprescindible que cada uno encuentre su fuente de motivación, en esas personas y en aquellos ideales por los que merece la pena luchar. Los del pasado, los del presente y los del futuro. Y, aunque parezca mentira, todo lo que hacemos acaba afectando a otros para bien o para mal, no lo olvidemos.

Para despedir este post y también el año, me remitiré a un argumento de Álvaro González-Alorda que me resultó bastante convincente y que puede tomarse como un buen propósito del nuevo año: para triunfar en la vida "no necesitas ser extraordinario, tan sólo superordinario". Hasta pronto.

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