jueves, 14 de junio de 2012

Ahora más que nunca, hay motivos para creer

El oso pesca mejor al borde del precipicio. Imagen: Picalls.com
Puede que el título de este artículo recuerde a cierto anuncio de Coca-Cola, incluso es más que posible que ahora coincida en alguno de sus argumentos, pero seguramente mi intención no será la misma que la de esta gran multinacional. Mi inspiración creo que es otra, que no tiene nada que ver con vender refrescos aquí y allá. Estas letras surgen más bien de la necesidad de inyectarnos -yo mismo el primero- cierta dosis de motivación para continuar con el día a día que nos toca vivir, totalmente cambiante, incierto y, a veces, desesperante. No nos queda otra y, a pesar de todo, debemos levantar la cabeza y seguir adelante. 

Es difícil, cierto. ¿Cómo hacerlo? Hay que buscar aquellas cosas en las que creer, las ideas que nos ayudan a levantarnos cada mañana por cuestionables que en estos momentos nos puedan parecer y, como leí a cierta escritora: "La fragilidad de un ideal no es buena razón para abandonarlo, sino para luchar por él". A mí, personalmente, me sirve pensar en ciertas cosas, entre las que se encuentran las siguientes creencias:

  • A pesar de la crisis, seguimos siendo solidarios. Aunque desde los poderes públicos se esfuercen con frecuencia en demostrar lo contrario y en fomentar políticas de "Sálvese quien pueda" y muchas personas también hayan tomado esta filosofía por bandera, la mayoría de nosotros seguimos creyendo en la necesaria cooperación entre las personas y la ayuda mutua, sin olvidarnos de los que más nos necesitan. Obviamente, si nos fijamos en cifras macro de la cooperación al desarrollo o en las cantidades que se dirigen a proyectos solidarios concretos podemos echarnos a llorar, pero es igualmente cierto que a nivel micro, las personas dentro de su ámbito más cercano realizan grandes esfuerzos por ayudar a sus familiares, a sus amigos, a sus vecinos... Hay mucha gente que hace todo lo que cree que puede, aunque a veces podemos hacer un poquito más de lo que somos conscientes.
  • Sigue habiendo empresas responsables. En la línea de lo anterior, no todos los empresarios han optado por cerrar el negocio antes de intentar salvarlo de verdad. Todavía quedan muchos que luchan, por salvar los puestos de trabajo de sus empleados y lo que han sido los proyectos de sus vidas. A un ritmo lento, pero crece el número de empresas que se preocupan por desarrollar su negocio de manera responsable, con sus clientes externos, sus trabajadores (clientes internos), con el medio ambiente y con la sociedad. Empresas que se implican en proyectos que les requieren dedicación y recursos pero lo hacen. 
  • Sabemos quiénes son las personas que nunca nos fallan. No son pocos los que se han quitado 'la careta' y han cambiado radicalmente de actitud en cuanto las cosas se han puesto un poco difíciles, dejando tirados a socios, clientes, amigos o colaboradores. Sin embargo, también se ha visto con quién podemos contar en los momentos más duros y en medio de este mar de incertidumbre, cuáles son las personas que realmente no nos van a fallar mientras la decisión de ayudarnos o no esté en sus manos. Ha de tenerse en cuenta también que muchas veces esa decisión, por desgracia, no está en nuestras manos...
  • Estamos en camino de aprender a valorar lo que realmente importa. Hemos vivido tiempos de un consumismo y una superficialidad descontrolados que nos han llevado a la situación actual. Cuanto más hemos tenido, más necesidades han ido naciendo dentro de nosotros. Hemos hecho lo que queríamos cuando queríamos. Ahora, esa inmediatez con la que podíamos dar respuesta a nuestros impulsos más irracionales ya no existe, por lo que estamos en proceso de convertirnos en mejores consumidores, mejores compradores e inversores y, quizás y sólo quizás, también en mejores personas. Nos hemos dado cuenta de que dando un paseo por un sitio cercano pero especial también se encuentra la tranquilidad y no sólo en las playas de Cancún, la gente empieza a sentir la necesidad de tener conversaciones profundas y no tanto de hablar de lo que se va a comprar el fin de semana.
  • Los valores no son tangibles ni palpables, pero existen y se sienten. Sufrimos una crisis de valores, lo pienso. Pero en nuestra sociedad seguimos contando con numerosos ejemplos a seguir en los distintos ámbitos de la vida: gente buena, gente concienciada, gente implicada y que se esfuerza en mejorarse así misma y aquello que le rodea. Cuanto más oscura es la noche, más se ve el brillo de las luciérnagas.
Conclusión: Debemos poner todas nuestras energías en aquello que nos inspira para pasar por encima de todo aquello que nos perturba. Ahora más que nunca, hay motivos para creer.

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