lunes, 14 de febrero de 2011

Comunicar después del silencio

El propósito de quienes trabajan de manera más o menos plena en el mundo de la comunicación es alcanzar un nivel de conocimiento elevado sobre la comunicación, sus técnicas, sus secretos y - aquello que últimamente está en boca de todos- las estrategias, las mejores estrategias de comunicación. Buscamos convertirnos en profesionales capaces de comprender y aplicar las herramientas más sofisticadas de comunicación, con el propósito de informar, persuadir a otras personas e incluso provocarlas, lanzarlas a la acción. La comunicación es la ciencia que avanza con las otras ciencias, la que lo envuelve todo. Cualquier cosa que se descubra, en el ámbito de la tecnología, de la medicina o el que sea acaba teniendo un nombre, a veces una palabra que todavía no existía, por lo que el descubrimiento científico acaba siendo también una innovación en comunicación, una construcción lingüística que en poco tiempo acaba circulando por todo el planeta. Pero ante todo, y esto es lo más importante, la comunicación es una necesidad, una profunda necesidad del ser humano, ese animal social que somos.

Todo esto viene porque creo que es importante no olvidarse de eso que parece tan obvio como que la comunicación es una necesidad humana. Pero cuando una cantidad de personas comienza a pensar en profundidad sobre cómo ser mejores que el resto de los mortales en algo tan complejo y hermoso como la comunicación es más fácil de lo que parece olvidarse del detalle, de lo más básico, lo que lo explica todo. Y a la personas nos pasa con frecuencia que los árboles no nos dejan ver el bosque. Hace un par desemanas vi la película favorita a los premios Oscar, El discurso del rey, y me surgió entonces una reflexión que pienso merece la pena compartir, aunque sea sin referencias o datos de tipo oficial ni académico. Quizás debí advertir al principio con un letrero que iba a ser algo más bien de tipo filosófico. Esta película va a dar mucho que hablar durante tiempo a los expertos en comunicación, por muchos aspectos. Para mí en este momento el más importante es el concepto del silencio que se puede ver en el largometraje. Hay un pueblo de Inglaterra que espera escuchar la voz de su máxima autoridad política y religiosa y temeroso de responder ante ese pueblo hay un rey, Jorge VI, que lleva desde su niñez sufriendo una tartamudez que le impide ser un buen orador, a pesar de que a su mente no le falta ni pizca de lucidez. El silencio, en términos políticos, mantiene inquieto a un pueblo y a su vez está destrozando internamente a una persona sobre la que recae una gran responsabilidad en momentos muy difíciles, a punto de estallar la Segunda Guerra Mundial. Esta es la historia de un personaje histórico pero tan sólo una de muchas situaciones semejantes, a igual o distinta escala. Puede hablarse mucho sobre el silencio, pero creo que este momento es suficiente con concluir que su existencia en política es, sin lugar a dudas, determinante de los acontecimientos políticos que se van a suceder. Un silencio interrumpido indebidamente o un silencio demasiado largo puede suponer condena y fin de una etapa política.


Este post que se titula "comunicar después del silencio" debe concluir con una reflexión sobre lo anunciado. Y es la siguiente: según haya sido el silencio deberá ser la comunicación posterior. Parece una regla sencilla pero no es tan fácil de aplicar. Romper el silencio puede y debe ser una liberación tanto para el que comunica como para el que recibe la comunicación pero muchas veces el mensaje no es fácil de dar, porque el silencio siempre tiene un motivo.

Imágenes:
Jorge VI en El discurso del rey.
Ada tocando en El Piano (canción bso).

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